Jamás llegué a ponerme nerviosa, ni cuando me observaba con esa mirada. Pero recuerdo que en el momento en que sus
dedos se entrelazaron con los míos, mi corazón se aceleró. Cerré los ojos y
solté el aire controlando las pulsaciones, mientras su otra mano era colocada en
mi nuca. Ahogué un jadeo cuando me atrajo hacia él y nuestros labios se
juntaron. Su olor a whisky me embriagó. Sin querer susurré ese "Te quiero" furtivo que tantas veces había acallado…
Y me volvió a besar como si no lo
hubiera escuchado, seguramente con la intención de borrarlo de mis labios para no dejar rastro de lo que él mismo había provocado.