Muda. Sin palabras. El vacío anidó en su pecho y el silencio le arropó con esos raquíticos brazos que ella tanto temía, secuestrándole el alma.
Se despidió de volver a oler la tinta en el papel, de escuchar el sonido abrumador de las palabras antes de ser escritas... El tintero de sus venas terminó hecho añicos.